Argentina: campeón mundial en contaminación de basura y metano

El Complejo Ambiental Norte III, operado por CEAMSE en Campo de Mayo, fue identificado por un estudio internacional como el sitio de disposición de residuos con la mayor tasa de emisión de metano observada durante 2025 entre más de 700 rellenos sanitarios y basurales analizados. El dato vuelve a poner en el centro de la discusión al modelo de enterramiento de residuos y sus consecuencias climáticas. El partido de San Martín como zona de sacrificio.


Jamás conocí un lugar donde la relación con la basura fuera de un amor y odio a niveles tan extremos.

Hace años que investigo la basura, pero nunca había conocido un lugar como este. Quizás por la magnitud de los residuos que llegan todos los días. Quizás porque acá la basura no es algo que simplemente desaparece cuando sacamos la bolsa a la calle. Está presente. En el paisaje, en las puertas de las casas, debajo de ellas: los propios terrenos están conformados por basura. Se trata del partido de San Martín, particularmente barrios como Costa Esperanza, Ocho de Mayo, Costa de Lago, La Favela, cercanos al complejo de la CEAMSE,  donde la basura es protagonista.

Para llegar hasta allí hay que tomar el irónico Camino del Buen Ayre. Los olores ya se sienten antes de ver las montañas de residuos, que transportan los camiones de los mas de 40 municipios que llegan cada día. Uno detrás de otro. Sin descanso. Y dentro de ellos, toneladas y toneladas de bolsas que contienen restos de comida, envases, ropa, objetos, cosas que usamos durante minutos y que después dejamos de ver.

Argentina: campeón mundial en contaminación de basura y metano

La basura tiene esa capacidad: se naturaliza y se despersonaliza. Una vez que sale de nuestra casa, deja de ser «nuestra». Pero sigue existiendo. Y acá, en San Martín, eso se vuelve imposible de ignorar. Acá la basura tiene nombre y apellido. Y nos damos cuenta que dentro de las bolsas lo que verdaderamente encontramos son historias.

Porque esa basura que desechamos no desaparece. Se transforma.

Un récord que nadie quisiera tener

Hay un dato que obliga al mundo mirar este lugar.

Un estudio publicado en 2025 en la revista científica Nature, que analizó emisiones de metano detectadas mediante satélites en más de 700 sitios de disposición de residuos de todo el mundo, ubicó al Complejo Ambiental Norte III, operado por la CEAMSE, como el sitio con la mayor tasa de emisión de metano observada durante entre los lugares analizados.

La estimación fue de aproximadamente 22 toneladas de metano por hora.

Según el estudio de la Universidad de California, después de Indonesia y Malasia, aparece Argentina.

Pero hay que hacer una aclaración importante: esto no significa que Argentina sea el país que más metano emite del mundo. El dato refiere a un sitio puntual de disposición de residuos y a las emisiones observadas mediante tecnología satelital. Y justamente por eso resulta tan impactante: uno de los mayores focos puntuales de metano detectados en el mundo está acá, en el Área Metropolitana de Buenos Aires.

Ocupar un primer lugar mundial tiene consecuencias. Y también debería obligarnos a hacernos algunas preguntas.

Primero, hay que hablar de metano

En Argentina, mas específicamente en San Martín, se está desarrollando la Campaña por una gestión de residuos con bajas emisiones de metano que busca promover, a través de talleres en los barrios por parte de promotores y promotoras ambientales,  consciencia sobre el metano y la basura. El metano es un gas de efecto invernadero mucho más potente que el dióxido de carbono en el corto plazo. Durante un período de 20 años, su potencial de calentamiento global es aproximadamente 80 veces mayor que el del CO₂.

La diferencia es que permanece mucho menos tiempo en la atmósfera: alrededor de 12 años. Esa característica convierte a la reducción de metano en una de las oportunidades más importantes para desacelerar el calentamiento global en el corto plazo.

Cerca del 30% del calentamiento global actual está impulsado por emisiones de metano de origen humano.

El gas proviene de distintas actividades: la extracción y producción de combustibles fósiles, la agricultura y ganadería y, también, los residuos. Y acá aparece una relación que muchas veces no vemos. La basura también genera metano. La basura que enterramos sigue viva.

Cuando enterramos restos de comida, frutas, verduras, hojas o restos de poda, esa materia orgánica comienza a descomponerse sin contacto con el oxígeno. Es un proceso conocido como descomposición anaeróbica. Durante ese proceso se genera biogás, compuesto principalmente por dióxido de carbono y metano.

Por eso, cuanto mayor sea la cantidad de residuos orgánicos que enterramos, mayor será el potencial de generación de metano. Nuestra bolsa de basura puede parecer inerte. Pero debajo de la tierra sigue ocurriendo una actividad biológica y química durante años. Y una parte de esa transformación termina en la atmósfera.

Una pluma que se puede ver desde el espacio

El metano tiene otra particularidad: no podemos verlo a simple vista. No hay humo, ni nube u olor. Pero hoy existen tecnologías capaces de detectarlo desde el espacio.

Los satélites pueden identificar grandes concentraciones de metano y determinar de qué lugar provienen. Cuando una fuente libera grandes cantidades del gas se genera lo que se conoce como una pluma de metano: una concentración que puede ser detectada y medida mediante instrumentos especializados.

Eso permitió que los investigadores pudieran observar emisiones que durante mucho tiempo permanecieron prácticamente invisibles. Y así apareció Norte III.

¿Qué es la CEAMSE?

La Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado (CEAMSE) es una empresa pública interjurisdiccional creada en 1977 por la Provincia de Buenos Aires y la entonces Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires.

Su función principal es gestionar los residuos del Área Metropolitana de Buenos Aires. Se trata de una política de la última dictadura militar que en su momento, fue vista como un progreso -ya que se venía de incinerar los residuos- pero con el tiempo cada vez son más evidentes sus falencias.

El Complejo Ambiental Norte III, ubicado en Campo de Mayo, recibe residuos de la Ciudad de Buenos Aires y de cuarenta municipios aledaños.

Todos los días llegan miles de camiones. Y dentro de esos camiones hay una enorme cantidad de residuos orgánicos. Ese es uno de los puntos centrales del problema.

Durante décadas construimos un sistema basado en una idea sencilla: recoger, transportar y enterrar. El problema es que el entierro no elimina los residuos. Los cambia de lugar y pone en marcha procesos que pueden durar décadas.

De solución a problema

Los rellenos sanitarios surgieron como una alternativa a los basurales a cielo abierto y, en distintos momentos históricos, también como una alternativa a la incineración. Pero hoy sabemos que enterrar enormes cantidades de residuos tiene límites. Los rellenos ocupan territorio, requieren infraestructura, generan lixiviados y producen biogás. Parte de ese gas puede ser capturado y aprovechado, pero las emisiones fugitivas pueden escapar a la atmósfera. Y cuando el residuo orgánico llega mezclado con todo lo demás, perdemos además una oportunidad: recuperar materiales y devolver nutrientes al suelo.

En otras palabras, enterramos recursos que todavía podrían tener otra vida.

San Martín: cuando la basura se convierte en territorio

Para quienes viven lejos, la basura puede ser una bolsa que desaparece de la vereda.

Para quienes viven cerca de la CEAMSE, es otra cosa. Es el camión que pasa. El olor. La montaña. El ruido. Es la vida misma. Son los efectos en la salud. Durante décadas, determinados territorios del Área Metropolitana cargaron con los costos ambientales de un sistema que beneficia a toda la región. Por eso hablamos de zonas de sacrificio.

No porque esos territorios hayan elegido sacrificarse, sino porque el modelo de producción y consumo distribuye de manera desigual sus beneficios y sus impactos. La basura se genera en millones de hogares, pero no todos los territorios reciben la misma cantidad de residuos ni soportan las mismas consecuencias.

El problema también es de salud

Hablar del metano también es hablar de salud, aunque es importante distinguir sus diferentes vías de impacto.

El metano no debe presentarse como un contaminante respiratorio directo en las concentraciones ambientales habituales. Su principal impacto sanitario se produce a través de su contribución al calentamiento global y porque participa en reacciones químicas que favorecen la formación de ozono troposférico, un contaminante del aire asociado con enfermedades respiratorias y cardiovasculares.

Pero las comunidades cercanas a rellenos sanitarios también pueden estar expuestas a otros impactos vinculados con la gestión de residuos: olores, contaminación del aire, polvo, tránsito pesado, lixiviados y otros contaminantes. Eso lo determina otro estudio de Climate and Health Alliance

Estos estudios científicos muestran que la exposición prolongada a este contaminante puede provocar o agravar numerosas enfermedades. Entre sus principales efectos sobre la salud se encuentran:

  • Irritación de ojos, nariz y garganta;
  • Dificultad para respirar;
  • Empeoramiento del asma;
  • Bronquitis y otras enfermedades respiratorias.

Entonces, ¿qué hacemos?

La respuesta no puede ser construir rellenos cada vez más grandes para seguir enterrando cada vez más basura. Tenemos que empezar antes.

Antes del camión, del relleno o de que el residuo se convierta en un problema. Es clave reducir el consumo de descartables. Evitar el desperdicio de alimentos. Separar los materiales reciclables. Fortalecer el trabajo de los recicladores y recicladoras urbanas ya que sin cartoneros no hay reciclado. Compostar los residuos orgánicos. Exigir políticas públicas que reduzcan el enterramiento y promuevan una verdadera economía circular.

Compostar, en particular, tiene un papel clave porque permite sacar una parte importante de los residuos orgánicos del circuito del enterramiento.

En lugar de:

comida → bolsa → camión → relleno → descomposición anaeróbica → metano

podemos construir otro recorrido:

comida → compostaje → compost → suelo.

No vamos a resolver la crisis climática solamente compostando.mPero tampoco vamos a resolverla mientras sigamos enterrando toneladas de materia orgánica como si la tierra fuera un depósito infinito.

Sabiendo todo esto, cada vez comprendemos más que claramente el mejor residuo es el que no se genera.

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