Ecofeminismo: 10 claves para salvar el planeta

Palabras como soberanía alimentaria, agricultura holística, basta de desmontes, fin del cambio climático, soberanía energética, cuidado del agua y Justicia ambiental suenan muy bien. ¿Pero cómo es posible el fin de un sistema sobreexplotador a uno nuevo? El ecofeminismo nos aporta respuestas.

Agosto en el mes de la Pachamama. Una buena excusa para sentarnos en la tierra a sembrar las semillas del mundo que deseamos. No quiero decir estas palabras desde un lugar de soñadora (aunque lo soy y la luna llena en Acuario me potencia), sino que esta pandemia nos ubicó en un presente histórico en el que el sistema, “pseudo en pausa”, nos da un poquito de tiempo para reflexionar.

Digo “pseudo en pausa” ya que en Argentina, sólo en este tiempo de cuarentena, se perdieron más de 21 mil hectáreas en bosques nativos en las provincias de Santiago del Estero, Salta, Chaco y Formosa. Esto nos indica que como bien la naturaleza sigue su curso, mientras la especie humana sigue en sus casas, hay actividades que lejos de ser esenciales, sino más bien #FalsasSoluciones, ni se replantearon frenar. (En los últimos 30 años, nuestro país perdió el 70% de sus bosques).

Las personas no somos parte de la naturaleza, sino que somos ella. Pero en pleno 2020, nos seguimos encontrando en medio de un sistema de base capitalista y patriarcal, que hace siglos subordina con violencia y sobreexplotación. Sin embargo, estamos atravesando una crisis civilizatoria a nivel global. Un quiebre de carácter integral, que incluye factores ambientales, climáticos, energéticos, hídricos y alimenticios; un agotamiento de un modelo de organización económica, productiva y social, con sus respectivas expresiones en el ámbito ideológico, simbólico y cultural. ¿Esto qué quiere decir? Que tanto el feminismo como el ecologismo son parte del replanteo de las bases de este modelo.

¿Pero cómo se vive una transición? ¿Cómo hacemos para poder pasar de un modelo a otro?

Cada vez hay más mujeres al mando de reclamos socioambientales en distintas partes del mundo. Por ejemplo, en el mundo del reciclado, según cifras internacionales, el 60% de las luchas la encabezan líderes mujeres. Le ponen el cuerpo a buscar una respuesta a la crisis socioambiental y del sistema de cuidados en el cual nos encontramos, en general desde la invisibilidad.

Palabras como soberanía alimentaria, agricultura holística, basta de desmontes, fin del cambio climático, soberanía energética, cuidado del agua y Justicia ambiental suenan muy bien, muy prometedoras. Pero mientras leemos esto, los grandes generadores de basura, las grandes industrias y los modelos agroexportadores siguen teniendo los mismo principios contaminantes, con agrotóxicos, sobreexploación de suelo, intoxicación de aguas y especies, ¿Cómo generamos un cambio de paradigma?

¿Cómo se llega a tocar la fibra íntima de los poderosos?

La semana pasada, la agenda ambiental en Argentina vivió un hecho histórico. El tuitazo #BastaDeFalsasSoluciones, a raíz del acuerdo entre China y Argentina en relación a la instalación de granjas industriales de cerdos, fue tendencia en Argentina. Se reunieron miles de firmas en pocas horas. Algo inédito para los grupos ambientalistas que hace años que le vienen dando batalla a estos temas. Y eso abrió algo de esperanza. Aunque desde Cancilería y los laboratorios privados que están detrás de este acuerdo sigan festejando. La esperanza está. La población se hizo escuchar.

Ecofeminismo
Ilustración: Kimche

“Ni extinción, ni escape. El ecofeminismo es el trabajo revolucionario de nuestros tiempos. Sabemos que la tierra esta viva y las antiguas tradiciones siempre reconocieron a la madre tierra”, plantea Vandana Shiva, filósofa y escritora india (del ecofeminismo más esencialista), en su conferencia Ecofeminismo y la descolonización de las mujeres, la naturaleza y futuro.

Flor Funoll Capurro, coordinadora del área de Ecofeminismo del Taller Ecologista de Rosario, una entidad ambiental que desde el 2016 en todas sus áreas de trabajo suma al ecofeminismo como mirada transversal, explica que “el ecofeminismo es un movimiento social y una corriente de pensamiento que se fundamenta en un diálogo necesario entre lo que plantea el movimiento feminista y el movimiento ecologista.

Muchas veces son prácticas feministas que nacen de la cercanía de mujeres y naturaleza, y de la convicción y la denuncia de que nuestro sistema se constituyó, se constituye y se sostiene por medio de la subordinación estructural de las mujeres en las sociedades patriarcales. Articuladas en torno a los intereses de la dominación y la violencia; y las que hay en la destrucción de la naturaleza en las sociedades de corte capitalista”.

Referentas internacionales

Dentro de las más bien académicas o teóricas, se encuentra Vandana Shiva, Yayo herrero, Amaia Pérez Orozco, Alicia Puleo, entre otras. Y referentes en sus prácticas, son todas aquellas mujeres que luchan por sus territorios. Un gran ejemplo fue Berta Cáceres. Ella fue una mujer indígena, defensora de los derechos humanos que defendió territorios en Honduras y los derechos del pueblo Lenca. En marzo de 2016, unos atacantes no identificados irrumpieron en su casa y la asesinaron.

10 soluciones del Ecofeminismo

  1. El reconocimiento de que somos ecodependientes.
  2. Es imposible pensar la vida humana al margen de los ecosistemas que nos rodean, de la naturaleza de la cual somos parte, ya que dependemos de los procesos, los recursos y las dinámicas que se dan en este sistema tan complejo que es la naturaleza.
  3. Somos seres interdependientes. Esto implica que es imposible pensar la existencia de un ser humano en soledad, dado que a lo largo de toda la vida, pero sobretodo en algunos momentos del ciclo vital, la vida humana depende del trabajo que otras personas nos dedican. Estamos ligados al cuidado entre nosotres.
  4. Dejar de organizar la vida cotidiana sobre la base de un sistema económico que no conoce límites.
  5. No podemos reducirnos a monetizar todo, confundiendo el progreso social y el bienestar con la acumulación de bienes materiales, dejando al margen el trabajo reproductivo y el costo ambiental que involucra la producción capitalista.
Esto implica cambiar nuestra mirada de base sobre el mundo

6. La fotosíntesis, el ciclo del carbono, el ciclo del agua, la regeneración de la capa de ozono, la regulación del clima, los vientos o los rayos del sol son algunos de los imprescindibles para que se mantenga la vida y difícilmente pueden ser traducidos a valor monetario.

7. Visibilizar y revalorizar los trabajos de cuidado y reproducción, llevados adelante mayormente por mujeres e identidades feminizadas, ya que son imprescindibles para el sostenimiento de la vida y su centralidad.

8. Poner de relieve aspectos, prácticas y sujetos que fueron devaluados e invisibilizados por el modelo económico hegemónico. Estos trabajos incluyen asuntos tan dispares como cocinar (tres veces al día, siete días en semana, doce meses al año), cuidar a personas enfermas, ordenar y limpiar la casa, vigilar los primeros pasos de un bebé, acarrear productos para el abastecimiento, gestionar el presupuesto doméstico de la familia.

9. La lista de trabajos que se realizan y son invisibles, e imprescindibles para el funcionamiento del sistema económico, es inacabable. Entonces esta perspectiva, contribuye a alumbrar otro paradigma que pone en el centro de interés a una vida digna compatible con la naturaleza y que de respuesta a todas las formas de desigualdad.

10. Cambiar la mirada de nuestra realidad buscando nuevas formas de socialización y organización social y económica que permiten liberarse de un desarrollo que prioriza los beneficios monetarios sobre el mantenimiento de la vida.

¿Ya tenés el libro Crónicas de una millennial?

Ebook

Libro

Entradas recomendadas

Aún no hay comentarios, ¡añada su voz abajo!


Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *