La gran brecha de género en el cine animado

Red, una de las últimas películas animadas de Disney, es de las pocas cintas en donde las mujeres ocupan los cargos directivos del proyecto cinematográfico. Las animadoras obtuvieron un papel clave en la creación de esta historia, pero eso no es lo que suele ocurrir en Hollywood. Frente a esta situación, ¿cuál es la realidad de las animadoras de la Argentina con respecto a la brecha de género en el rubro?


Texto: Sol La Rosa

En marzo, Disney Plus agregó un nuevo filme a su catálogo. Se trata de la película animada Red, que cuenta la historia de Mei Lee, una chica de 13 años que se transforma en un panda rojo. Además de ser fresca y original, el largometraje se destaca por ser uno de los primeros en contar sobre la menstruación, un acontecimiento que viven todas las niñas y personas gestantes. Lo hace de una manera delicada, cuando la madre de Mei Lee le pregunta si “¿floreció la peonía roja?”. La película también hace referencia a otros temas comúnmente eludidos como la diabetes (al mostrar a una niña con un parche para diabéticos) y la comunidad LGBT+, en un claro guiño a una de las amigas de la protagonista que gustaba de otra chica.



Red es una película cuyo relato tiene una perspectiva feminista, aunque no lo demuestre a simple vista. Y esto es resultado de que su equipo de animación, inclusive los cargos directivos y de producción, están ocupados por mujeres, algo que no ocurre diariamente. “Por lo general siempre los directores de animación han sido hombres y las mujeres quedamos relegadas a un segundo lugar, como dirección de arte. Desde hace unos 4 o 5 años, ha habido una gran explosión de directoras, y de mujeres que se han reunido para hacer estudios de animación que cuenten otras historias” cuenta Claudia Ruiz.

Claudia es una animadora santafesina. Fue docente en la escuela de Artes Visuales y de Cine de Santa Fe hasta el año pasado. Comenzó trabajando en un taller de animación para chicos, donde descubrió este mundo original, y tiempo después creó la productora audiovisual El Molinete. A lo largo de su carrera grabó varios cortos animados, como Ailín en la Luna o El Niño y la Noche. Con tres de ellos obtuvo reconocimientos internacionales, y pudo presentarlos en cientos de festivales, tanto a nivel nacional como en otros países como Rusia, México y Japón. “Creo que las mujeres miramos el mundo desde otro lugar, que no es mi mejor ni peor, es diferente, y por eso también necesitamos poder contar nuestras historias y tener las mismas posibilidades” reflexiona.

Disparidad de género en la animación

“La disparidad que existe entre hombres y mujeres en la animación es mucha, y la Argentina es un reflejo de lo que pasa en muchos países. De las mujeres que nos dedicamos a la animación, menos del 40% vivimos de eso. Y más de la mitad hemos sufrido discriminación en nuestro lugar de trabajo, ninguneo e invisibilización, a pesar de estar en puestos de toma de decisión” explica Paola Becco.

Paola es animadora y docente universitaria en Artes visuales. Ella trabaja desde hace más de 20 años en proyectos culturales vinculados a los derechos humanos. Fundó y dirige el Festival de animación SMOF (Stop Motion Our Fest) de Buenos Aires. “Es un festival independiente. Hacemos foco en la formación y capacitación audiovisual, promovemos el cine y su creación como herramientas transformadoras de la sociedad. Defendemos el espacio del encuentro, de la reflexión, del aprendizaje y del amor al cine de animación” cuenta.

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Hacer red entre mujeres

“Formamos parte de una sociedad absolutamente patriarcal. Y el cine de animación en su inmensa mayoría todavía está contado por los hombres. Por suerte en nuestro ámbito se formó RAMA, Red Argentina de Mujeres y Diversidades de la Animación, que promueve la igualdad de género en el ámbito laboral y propone analizar críticamente el rol y la visión sobre las identidades feminizadas en las historias animadas” cuenta Paola. La Red Argentina de Mujeres y Diversidades de la Animación surgió en 2018 por una iniciativa de un grupo de animadoras en el festival El Ventilador que se realizó en Santa Fe, durante el cual hicieron una puesta común de cortos.

Claudia Ruiz participó de ese primer encuentro, y recuerda una anécdota significativa que refleja la influencia de la perspectiva machista dentro de su trabajo. “Me acuerdo que después de que pasamos los cortos, me llamó la atención que muchas teníamos como personajes a varones. Yo en ese momento estaba haciendo una serie en la que iba a hacer al protagonista un varón, porque si lo hacía mujer, nunca iba a ser visto por varones. Uno no hace películas para nenes o nenas, pero si los personajes son niñas, entonces los varones no lo veían”.

Ileana Gavinoser, es otra animadora del colectivo. Ella se reconoce como una apasionada a las artes. Estudió la carrera de Letras en la UBA, pero hizo de todo un poco en su vida. Escribió libros, es docente de la carrera de Formación de Escritor, fue jurado de concursos, es pintora, dibujante y fotógrafa. Ahora está más abocada al cine: hace cine de animación y de ficción. “En el cine convergen todas las artes. Estoy disfrutando mucho el hecho de dirigir cine de animación, donde confluyen todas las artes” reflexiona.

Inserción laboral en el mundo de la animación: ¿qué posibilidades existen?

El mundo de la animación no escapa de la situación de muchos argentinos, que encuentran complicaciones diarias para ingresar al mundo laboral de la profesión a la que desean dedicarse. “Todavía me está resultando muy difícil insertarme. Estuve distribuyendo cortos animados en distintos festivales. Y tengo un equipo de cine que estamos trabajando como productora de manera autogestiva” explica Ileana sobre su situación personal. El caso de Paola es distinto. “Siempre me desempeñé freelance y participando de proyectos colaborativos en artes combinadas, con un fuerte compromiso social. Si bien la industria de la animación creció mucho, un gran porcentaje es trabajo irregular con una invisibilización en las políticas públicas destinadas a este sector” cuenta.

Frente a esta realidad, el contexto para las mujeres se complejiza aún más, porque este ambiente, que ya de por sí tiene sus complicaciones, se le suma que está principalmente “copado por varones”, como comenta Alicia Rosenthal. Ella se dedica a la animación hace casi 20 años, luego de haber estudiado cine y programación. El año pasado, en plena pandemia, tuvo la posibilidad de cumplir un sueño: creó la carrera de Animación en la Universidad de La Matanza. “Intenté pensar en qué carrera me hubiera gustado cursar a mí y entender hacia dónde está el mercado hoy. Me propuse equiparar al cuerpo docente. En algunos ámbitos hay muchos varones, pero intenté generar un balance en ese sentido, de que tengamos tanto hombres como mujeres, y lo estamos logrando” explica.

¿Dónde puede trabajar un animador? Si bien la primera respuesta sería trabajar dentro de un estudio cinematográfico como Disney o en algún canal de televisión con producciones animadas, el universo es mucho más amplio de lo que parece. “Los festivales de cine son un gran circuito de distribución de cortometrajes. He visto un gran caudal de material que no circula en otros medios. Los festivales de cine están abiertos a ideas nuevas, frescas y renovadoras” comenta Ileana. A esta idea se suma Paola, que acota que “los animadores que tienen proyectos autogestivos tienen un laburo muy de cuesta arriba, con mucho esfuerzo y sacrificio. Celebro la garra de los que se tiran de lleno a realizarlos y no esperan ningún tipo de ayuda o subsidio”. Por la situación económica, es muy difícil conseguir fondos, y tienen que buscar distintos tipos de instituciones que se los brinden: fondos nacionales o provinciales, organizaciones iberoamericanas o empresas privadas.

Una visión feminista en las animaciones

Si bien el mundo de la animación está principalmente ocupado por hombres, es clave que no sea la única perspectiva posible dentro de este universo, y desde hace tiempo se viene trabajando en el sector para que esto cambie. “Las mujeres tenemos más sensibilidad para ver las cosas. Cuando los equipos se mezclan, se obtiene otra perspectiva y sensibilidad” piensa Alicia Rosenthal. En ese sentido, Paola Becco agrega: “Tenemos que darle mucha importancia a la representatividad. A nuestra mirada, a nuestro deseo, al qué y al cómo. Tenemos que terminar de destruir la ‘Male gaze’ en nuestros trabajos”.

“El aporte de este tipo de relatos como la película Red lo vamos a hacer las mujeres, porque los hombres están puestos en un lugar donde se benefician. Es diferente las cosas que nosotras sentimos o cómo las vemos. Cada uno tiene una mirada distinta. Lo importante es que todos tengan la posibilidad de juntarse y acceder a la misma instrucción. Cuando contamos las mujeres, contamos diferente, y que está buenísimo que haya distintas miradas en las producciones. Tenemos que tener los mismos derechos, pero no tenemos que ser iguales cada una diferente. Y eso es maravilloso “, cierra Claudia.


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