“No se puede estudiar ambiente sin salir al territorio”

Lucía Giménez es ingeniera, magíster y directora de la Licenciatura en Gestión Ambiental de la Universidad Nacional de Hurlingham (UNAHUR). En esta entrevista habla sobre la formación de profesionales ambientales, el trabajo en los arroyos del oeste bonaerense, las reservas urbanas, el reciclado y el rol de las universidades del conurbano en la transformación de los territorios donde están insertas.


—¿Qué distingue a la Licenciatura en Gestión Ambiental de la Universidad Nacional de Hurlingham de otras propuestas académicas?

—Las carreras ambientales tienen distintas denominaciones, pero quienes nos dedicamos a la gestión ambiental estamos pensando en la toma de decisiones con criterios ambientales. Eso puede darse tanto en el ámbito público como en el privado. En los últimos años hubo un crecimiento importante de las áreas ambientales en municipios y provincias, y eso generó mucha inserción laboral. Pero además, cuando el Estado fortalece sus capacidades ambientales también le exige más al sector privado, que necesita incorporar estos criterios en sus actividades productivas y en sus procesos.

—¿Y cuál es la impronta particular de la UNAHUR?

—Nosotros trabajamos en laLicenciatura en Gestión Ambiental de la Universidad Nacional de Hurlingham (UNAHUR).mucho desde el territorio. Las universidades del Conurbano nacieron con la idea de mejorar el ámbito donde están insertas y generar valor allí mismo. Por eso, participamos activamente en proyectos concretos, como el desarrollo de la Reserva Natural Urbana de Hurlingham o distintas acciones en los arroyos de la zona. Hay un trabajo de acompañamiento permanente que vincula la formación académica con los problemas ambientales reales.

—¿Los estudiantes tienen contacto directo con esos espacios?

—Sí, permanentemente. Vamos a los arroyos Morón y Soto, tomamos muestras, hacemos relevamientos, encuestas y distintas prácticas para entender la complejidad de cada realidad. El año pasado, por ejemplo, realizamos un voluntariado muy importante en el Arroyo Soto junto con el Municipio de Hurlingham. Hicimos plantaciones, jornadas de limpieza, difusión sobre reciclado y prevención del dengue. Trabajamos entendiendo el arroyo de forma integral.

—Eso implica una formación muy práctica.

—Absolutamente. Nosotros vemos que nuestros estudiantes necesitan entrar en acción. Quien elige estudiar ambiente quiere estar conectado con la realidad, con la naturaleza, con los problemas concretos. No alcanza con quedarse en un aula o en un laboratorio. Hay que salir al territorio.

—¿Cómo está estructurada la carrera?

—Tenemos una tecnicatura de dos años que brinda conocimientos básicos sobre caracterización ambiental, toma de muestras, relevamientos y análisis. También se trabaja mucho sobre la gestión ambiental vinculada a permisos, normativas y procedimientos. Eso permite una rápida inserción laboral porque muchas veces los primeros trabajos tienen que ver con la gestión de permisos ambientales para industrias o emprendimientos.

—¿Y qué aporta la Licenciatura en Gestión Ambiental de la UNAHUR?

—La Licenciatura permite dar un salto. Ahí ya hablamos de profesionales capaces de tomar decisiones y liderar proyectos de transformación. Por ejemplo, diseñar corredores verdes urbanos, participar en proyectos de saneamiento, trabajar sobre sitios contaminados o desarrollar estudios de impacto ambiental complejos. También pueden intervenir en procesos de reconversión industrial o en políticas públicas ambientales.

—El tema de los residuos suele aparecer como una de las principales preocupaciones ambientales del Conurbano. ¿Forma parte de la formación?

—Sí. De hecho, una de las primeras salidas que hacemos con los estudiantes es al CEAMSE y a la cooperativa Bella Flor, que trabaja dentro del predio. Nos parece fundamental que conozcan la realidad de la gestión de residuos y la enorme complejidad social que existe detrás de cada problemática ambiental.

—¿Qué encuentran allí?

—Encuentran personas que construyeron comunidad en contextos muy difíciles. Hay además un proyecto comunitario llamado 8 de Mayo, con jardín de infantes y distintas iniciativas sociales. Han desarrollado un barrio en una zona históricamente asociada al basural. Eso permite comprender que los desafíos ambientales siempre tienen una dimensión social.

—¿Cuáles son hoy las principales problemáticas ambientales del oeste del conurbano?

—Los arroyos siguen siendo un tema central. Muchas veces cuesta verlos porque están entubados o escondidos dentro de la trama urbana. Pero cuando uno los recorre entiende rápidamente la magnitud de los desafíos. También aparecen temas vinculados a residuos, infraestructura verde y ordenamiento territorial.

—En los últimos años hubo un crecimiento importante de las reservas naturales urbanas.

—Sí, y fue algo muy interesante. Cuando comenzamos con la carrera pensábamos que los grandes temas del territorio iban a ser principalmente residuos y arroyos. Pero durante estos años vimos un crecimiento enorme de las reservas naturales en toda la región, especialmente en el corredor del Río Reconquista.

—¿Eso modificó incluso la carrera?

—Totalmente. Tuvimos que incorporar estos contenidos al plan de estudios. En 2016 las reservas aparecían como un tema importante, pero no ocupaban el lugar que tienen hoy. Con el tiempo entendimos que la infraestructura verde urbana era una cuestión estratégica para el territorio y también una demanda de nuestros estudiantes.

—¿De qué manera participan los estudiantes?

—Participan muchísimo. Realizan relevamientos forestales, desarrollan líneas de base ambientales, elaboran propuestas de manejo y muchos hacen sus trabajos finales dentro de las reservas. En la Reserva Natural Urbana de Hurlingham, por ejemplo, los relevamientos que realizan los estudiantes son utilizados por la propia gestión para tomar decisiones y mejorar sus planes de manejo.

—¿Qué valor aporta una universidad del conurbano frente a otras instituciones?

—Creo que hay algo muy importante que tiene que ver con vivir y estudiar en el mismo territorio sobre el cual se trabaja. Hay cosas que solamente se entienden cuando uno las conoce de cerca. Cuando recorrés las calles, los barrios, los arroyos, cuando hablás con los vecinos y entendés cómo funcionan realmente las dinámicas locales.

—¿Esa cercanía mejora las soluciones?

—Sin dudas. Durante muchos años hubo investigaciones o proyectos que se pensaban desde lejos y que después tenían dificultades para implementarse porque no contemplaban ciertas realidades. Nosotros trabajamos desde acá, con los municipios, las organizaciones y las comunidades. Eso permite generar propuestas mucho más realistas y transformadoras.

—¿Qué futuro imagina para quienes estudian gestión ambiental?

—Veo un campo profesional que sigue creciendo. Los desafíos ambientales son cada vez más complejos y requieren profesionales preparados para abordarlos desde múltiples perspectivas. Lo importante es formar personas capaces de entender el territorio, trabajar con otros actores y transformar realidades concretas. Ese es el gran objetivo de nuestra carrera.

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