Bioética en tiempos de pandemia

¿Qué sucede en momentos de crisis sanitarias a nivel mundial? ¿Cómo distinguir lo que está “bien” y lo que está “mal” cuando hay un virus amenazando de muerte? En momentos donde los recursos son limitados, donde las jornadas extensas de trabajo agotan, donde los barbijos y los equipos de protección quitan el aire, resulta fundamental reflexionar sobre cómo la bioética atraviesa las relaciones humanas, más que nunca en estos contextos de toma de decisiones.


Julieta recibe un paciente con insuficiencia hepática grave. Tiene el 100% de las camas de terapia intensiva ocupadas en el hospital donde trabaja. En la guardia hay sólo un respirador disponible. Sin embargo, igual lo presenta. Nada. Lo presenta en otros sectores. Está todo colapsado. Hay pacientes enfermos de COVID más jóvenes, con más capacidad de sobrevida esperando por un lugar y atención. Desde la guardia le niegan el último respirador a “su” paciente, como ella lo llama.

— Yo hice todo por él y los del hospital hicimos todo por él, pero es verdad, a veces uno en este contexto quiere hacer todo como si fuera una cosa normal y no se puede- recuerda ella-. Si hay un solo respirador y en cinco minutos te dicen que un paciente con COVID de 40 o 30 años  está con insuficiencia respiratoria y vos lo usaste en un paciente que aunque tenga un respirador no va a poder salir adelante porque ya su cuerpo no está para eso… es muy difícil, todo es muy difícil.

Ella tiene 28 años. Es médica recibida de la UBA e inició en su carrera en la segunda mitad del año 2019, trabajando para una clínica privada de medicina laboral. Cuenta que desde que tiene memoria quería ser médica y que nunca se imaginó con otra profesión.

Curar desde pequeña

— Ya cuando tenía 5 años y fui a mi primer día de jardín de infantes, mi mamá y mi tía siempre me cuentan que yo les pedí llevar en la mochilita un par de guantes de látex porque si algún nene se lastimaba y yo lo tenía que ayudar, me tenía que poner guantes.

Su carrera hasta el momento estuvo atravesada por el virus del COVID-19. Durante el año pasado y en el pico de la pandemia, cambió su trabajo en la clínica privada y formó parte del operativo de hoteles de aislamiento de la Ciudad de Buenos Aires para pacientes con COVID.

 — Primero rotaba en varios hoteles y después quedé fija en uno, porque me nombraron la coordinadora- relata-. Trabajábamos con pacientes sospechosos y positivos que aislábamos, les hacíamos el seguimiento hasta que estaban de alta epidemiológica, y derivábamos a hospital a aquellos que los síntomas no mejoraban y necesitaban mayor atención.

Actualmente, está trabajando en el Hospital Rivadavia de la Ciudad de Buenos Aires como residente de primer año para clínica médica. Una vez por mes realiza una rotación a las salas con pacientes con COVID durante 15 días, con largas e intensas jornadas de trabajo. Espera en octubre de este año el pase al hospital Muñiz para hacer su especialidad en Neumonología.

***

¿Qué es la bioetica?

La definición del concepto de bioética parece sencilla. Se define como el estudio de la ética aplicada a la vida y que busca resolver conflictos que surgen a partir de intereses o cuestiones morales, ponderando los intereses colectivos e individuales en pos de los derechos humanos. Sin embargo, está bastante lejos de ser tan simple al momento de ponerla en práctica.

Es una disciplina que no solo se relaciona a la medicina, sino que está presente también por supuesto en la antropología, la filosofía, la sociología, nuestra vida cotidiana y hasta en nuestra relación con la naturaleza.

La bioética nace de la mano de muchos especialistas norteamericanos. Sin embargo,  a finales del siglo XX, comienza en Latinoamérica un proceso de reformulación en las cuestiones de bioética. Estaba naciendo la mirada de las personas como seres integrales. Las que no solo se enferman por un virus, sino que están afectados también por el contexto socio-cultural y ambiental en el que viven.

Situación actual de la salud en Argentina

Desde el Ministerio de Salud se afirma que el total de pacientes hospitalizados por COVID es de 5671. El porcentaje de ocupación de las Unidades de Terapia Intensiva de Adultos, en todas las patologías y en el sector público y privado, es del 64.9% en todo el país y del 62.2 % en AMBA.

— La situación actual en la Argentina de salud es maravillosa por un lado, porque la salud es accesible para todxs, y eso no pasa en todos lados- afirma Julieta-. Yo agradezco haber nacido en Argentina porque puedo brindarle todo a todos, sin tener que mirar cómo, ni cuándo, ni por qué, ni cuánto cuesta algo. Pero por otro lado, está todo tan deteriorado, tanto las cosas edilicias, como la moral…

Pero tanto Julieta desde su trabajo en el hospital, como María Luisa desde su trabajo en el Comité argentino y la Red de Bioética, coinciden en que uno de los problemas del sistema de salud en nuestro país son los deterioros edilicios y en la estructura del sistema en general.

— Argentina tiene un sistema de salud público que abarca toda la nación y que funciona- agrega María Luisa-, este sistema de salud público en Argentina que podría ser modelo, pero hay problemas estructurales en ese sistema. Yo creo que lo esperanzador es que se estudie en serio un cambio para básicamente beneficiar a la gente. Es más, que la gente tenga presencia en ese cambio y sea considerada como parte del sistema de salud, y no solo como un montón de personas que esperan que les llegue algo.

Bioética en nuestro país

En nuestro país, a través de la Resolución 1117/2020 se creó el «Comité de Ética y Derechos Humanos en Pandemia COVID-19». Dicho comité se encarga de dar asesoramiento cuestiones éticas durante la pandemia en cuestiones de salud pública.

— Este es un comité que funciona en el ministerio de salud, de modo que se tiene que ocupar de todas las cuestiones que afectan a la salud de las personas- explica ella, quien trabaja día a día en dicho comité-.  Prácticamente son todas las cuestiones, porque estar sano implica poder desarrollar todas las facultades y todas las posibilidades que tiene un ser humano.

Quien habla es María Luisa Pfeiffer, doctora en Filosofía de la Universidad de París, presidenta la Red Latinoamericana y del Caribe de Bioética e integrante del Comité de Ética y Derechos Humanos. Organismo conformado por el Ministerio de Salud de la República Argentina a raíz de la pandemia del COVID-19. Es profesora de la asignatura de Bioética la Universidad Maimónides, fue profesora en la Universidad de Buenos Aires, en la Universidad del Litoral. También en universidades del exterior y ha dedicado gran parte de sus escritos y sus trabajos a las cuestiones relacionadas a la bioética.

— Lo que ha aportado la bioética es que la medicina deje de mirarse como una actividad cerrada sobre sí misma. – afirma María Luísa-. Cuando la medicina se hace ciencia se cierra sobre sí misma e incluso muchas veces el paciente, en las investigaciones científicas médicas, es considerado un objeto de estudio más que otra cosa. Los bioeticistas hacen falta para mostrar una dimensión mucho más abarcativa de lo que es la vida humana.

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¿Pero qué pasa cuando los recursos son limitados?

Existe disponible desde la página del Ministerio de Salud un documento llamado “Ética en asignaciones de recursos limitados en cuidados críticos por situación de pandemia” . El documento fue elaborado por el Comité  nacional de Bioética y Derechos Humanos de Argentina. Según se explaya allí, uno de los criterios que debe estar presente en la de toma de decisiones (con enfoque siempre de derechos humanos) es el de “Deber de cuidado”.

Citándolo textualmente, este criterio dice que “todos los pacientes deben recibir el mejor tratamiento y cuidado posibles que estén disponibles”. Agrega que “aún cuando los recursos necesiten ser racionados durante una crisis, los profesionales y trabajadores de salud tienen un deber de cuidado para promover el bienestar del paciente con los recursos disponibles”.

Recursos disponibles. ¿Y si no hay suficientes?

Yo creo que el error básico es pensar que un profesional «elige», un médico no puede elegir- reflexiona María Luisa-. En el caso de que le llegue al profesional médico una avalancha de pacientes que tiene que atender, debe atenderlos a todxs. Y ese es el problema justamente que están pasando el personal de salud en todas partes del mundo, que deben atenderlos a todos según su complejidad y según sus necesidades: porque, cuando se habla de elegir estamos suponiendo que hay dos pacientes idénticos y es como pensar estáticamente la relación dinámica que tienen los médicos con sus enfermos permanentemente.

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¿Cómo contener barbijo de por medio?

En las relaciones humanas (especialmente en momentos de vulnerabilidad, como lo es el transitar una enfermedad) el rol de quien debería velar por nuestra salud es clave. Los gestos, las miradas, las sonrisas, cualquier señal de tranquilidad es muy importante. 

La verdad que la relación médico-paciente en el COVID es muy complicada porque el equipo de protección es algo tan impersonal, es no verle la cara al otro. El paciente no sabe quién sos, cómo sos, no sabe si le estas sonriendo- narra Julieta-. Decirle a un paciente que lamentablemente lo vas a tener que pasar a terapia porque no está respondiendo al tratamiento. Y hacerlo con todo un equipo de protección sin que te vea la cara, sin que puedas apoyarlo dándole un abrazo, ni siquiera a través de un equipo de protección personal o darle la mano a través de unos guantes, nunca es lo mismo… Y es de verdad muy difícil.

El traje espacial

— Se piensa en el enfermo y no se piensa muchas veces en el médico- afirma María Luisa -. Porque el médico debe cuidarse y entonces se pone lo que llamamos el «traje espacial» y eso lo aísla del enfermo. Los médicos hacen un esfuerzo grande para relacionarse con el paciente. Y no sólo los médicos, porque los médicos no están solos. Han exigido más de los médicos, muchísimo más y no lo reconocemos, esa es la verdad- reflexiona María Luisa-. Los aplaudimos quince días y después nos olvidamos y empezamos a hacer cosas que no deberíamos hacer.

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Julieta llega a su casa después de su jornada en rotación de COVID, que hoy se extendió hasta las once de la noche. Pronto debe ingresar a su guardia de 24 horas, la segunda en una semana. Dejó en el hospital su ambo que utiliza para trabajar, pero al ingresar en su casa se saca los zapatos e ingresa a bañarse. Confiesa que lo hizo siempre, desde antes de la pandemia. Luego, se va a la habitación que rotó con su hermano, por si necesita en algún momento aislarse para cuidar a su familia.

— Es mucho desgaste y la vocación no te alcanza para comer, no te da un techo. A lo sumo te da satisfacción, pero la verdad que en este contexto tampoco te da mucha. Son más los llantos y las angustias- y agrega-. Yo por suerte no me contagié, toco madera. La verdad estamos muy protegidos, no hubo muchos contagios por nuestro trabajo ni por los pacientes. Tenemos nuestro equipo de protección y estamos bien cuidados en ese sentido.


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