Cuando me uní a la marea: la madrugada del aborto legal en Argentina

A dos años del rechazo del Senado al proyecto de interrupción voluntaria del embarazo, recordamos un relato de la tarde del 8 de agosto de 2018, el día anterior a la histórica madrugada del 9 de agosto. El aborto legal seguro y gratuito continúa siendo una deuda de la democracia en Argentina.

¿Hay un momento, un solo momento en el que nos convertimos en feministas? ¿Basta sólo uno? Según Simone de Beauvoir, no se nace mujer, se llega a serlo.

¿Entonces ser feminista vendría a ser como un cúmulo de momentos claves que nos van haciendo pisar cada vez más fuerte este sendero verde?

Uno de esos momentos claves fue la tarde del 8 de agosto de 2018, el día anterior a la histórica madrugada del 9 de agosto, en la que el Senado decidiría si Argentina finalmente iba a tener aborto legal, seguro y gratuito. En la madrugada del día siguiente se sabría si Argentina, un país donde se contabilizan 41 abortos por hora, pasaría a ser el sexto territorio en Latinoamérica y el Caribe, como Uruguay, Cuba, Puerto Rico, Guyana y Ciudad de México en haberlo despenalizado.

***

Vamos caminando con una amiga hacia el Congreso. Llevamos pañuelos verdes en nuestras muñecas como la mayoría de las mujeres que nos rodean. Somos muchas. Las calles desbordan y las veredas se vuelven invisibles.

Hace frío. Llovizna.

La plaza del Congreso está dividida en dos. Del otro lado al nuestro, se manifiestan personas en contra de la legalización del aborto con pañuelos celestes. A unas cuadras del Congreso, suenan unos tambores. Los oímos a lo lejos.

Tu tu tun Tu tutu tun Tu tutu tun Tu tutu tun.

Caras de adolescentes bañadas en glitter, mujeres que podrían ser mis abuelas con pancartas: “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”. Verlas me lleva a repensar mi propia historia, la de mi linaje, la de mis amigas, la de las mujeres que me rodean.

Tu tu tun Tu tutu tun Tu tutu tun Tu tutu tun.

Los flashes son como intermitencias: tener 15 años e insistirle a mi mamá que salga de casa, que vaya a trabajar. Ella había dejado su trabajo unos meses antes de que yo naciera. Mientras estaba embarazada, en el estudio contable donde trabajaba, no la capacitaron con los programas modernos de algo que era una novedad: las computadoras. Parece que haber sido una de las mejores de su equipo no bastó para que le enseñaran lo nuevo. Recién volvió a trabajar cuando yo cumplí 18 y desde ese momento no para de crecer profesionalmente.

Tu tu tun Tu tutu tun Tu tutu tun Tu tutu tun.

El sonido cada vez se hace más fuerte. Nuestros pasos van al son de los tambores.

Tu tu tun Tu tutu tun Tu tutu tun Tu tutu tun

Cuando teníamos 12 años, con mi prima postiza nos hicimos una promesa: “nosotras no vamos a quedarnos en casa como mamá, vamos a trabajar cuando seamos grandes ¿no?

Tu tu tun Tu tutu tun Tu tutu tun Tu tutu tun

Tu tu tun Tu tutu tun Tu tutu tun Tu tutu tun

Ya estamos más cerca de los tambores. Tanto que parecen sonar al son del corazón.

Tu tu tun Tu tutu tun Tu tutu tun Tu tutu tun

Tu tu tun Tu tutu tun Tu tutu tun Tu tutu tun

Mientras más pasan los años, más agradezco que tanto mi abuela como mi mamá siempre me hayan hablado de sexo, de orgasmos. De empoderar el placer. Pero de algo que jamás hablamos fue de masturbación femenina y menos del aborto. Tampoco se decía nada de eso en el colegio católico al que fui.

Tu tu tun Tu tutu tun Tu tutu tun Tu tutu tun

A los 17, empecé a tomar pastillas anticonceptivas. Contaba con la recomendación fehaciente de mi ginecóloga, más la alegría de poder compartirlo con mis amigas del colegio. Después de cumplir 30 años, me enteré de los efectos colaterales que tienen las pastillas: al cortarnos las ovulaciones, se genera un desbarajuste en la ciclicidad femenina que exige años de desintoxicación. Claro, en su momento fue un gran avance para la sexualidad femenina. Pero hoy, el nivel de conciencia que tenemos sobre nuestras cuerpas es otro. Y sin educación sexual es muy difícil llegar a estas conclusiones.

Tu tu tun Tu tutu tun Tu tutu tun Tu tutu tun

El avance del feminismo está cambiando la historia, repensándola, reescribiendola. La personal y la colectiva. El pasado y el futuro. Lo privado y lo público. En el trabajo, en la casa, en las relaciones sexuales y sociales, en la salud, en la alimentación, en los detalles. Ya nada es lo mismo. Ya no nos callamos: denunciamos que los femicidios desde 2015 ya son más de mil.

Tu tu tun Tu tutu tun Tu tutu tun Tu tutu tun.

Tu tu tun Tu tutu tun Tu tutu tun Tu tutu tun

Soy una mujer cis que jamás sufrió violencia física de parte de un hombre y sé que eso hoy es un privilegio. La no violencia tendría que ser algo natural.

Tu tu tun Tu tutu tun Tu tutu tun Tu tutu tun.

Tu tu tun Tu tutu tun Tu tutu tun Tu tutu tun

Seguimos a paso lento por la vereda, nos rodean mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexuales, no binaries, gordes e intersex, indígenas, originarias, afroargentinas. Al costado, las tamboreras: serán unas 20, 30 que cargan las tiras en sus hombros, y los tambores caen sobre sus úteras. Con las varillas los hacen sonar. Golpean fuerte y coordinadas, mientras caminan:

Tu tu tun Tu tutu tun Tu tutu tun Tu tutu tun

A veces pienso en mis abuelas y en qué hubiera sido de la vida de ellas sin tanto mandato doméstico y social. Qué talentos tenían para mostrarle al mundo.

Tu tu tun Tu tutu tun Tu tutu tun Tu tutu tun

También pienso en lo afortunada que soy de mi condición y de vivir en esta época. No sólo pude estudiar lo que quise, sino que hasta pude renunciar a trabajos que no eran coherentes con el estilo de vida que busco.

Tu tu tun Tu tutu tun Tu tutu tun Tu tutu tun

Dejé las pastillas hace muchísimos años. Fue como si mi cuerpo me lo hubiera pedido. Después del accidente, el ciclo se me desajustó y mi ginecólogo volvió a indicármelas. Recuerdo que las tomé un par de meses y ya no más. Con el tiempo, empecé a tener cada vez diferencias más grandes entre el camino que él me señalaba y el que yo fui descubriendo respecto a mi sexualidad. Así que decidí no sólo buscar profesionales con mirada de género y empatía, sino especializades en ginecología natural.

Tu tu tun Tu tutu tun Tu tutu tun Tu tutu tun

Tu tu tun Tu tutu tun Tu tutu tun Tu tutu tun

¿Tiene un costo emocional tanta transformación? Claro. Más allá de la salud y lo laboral, la revolución se dio en ámbitos más íntimos, como amistades y lazos familiares con los que no me sentía cómoda. Así fue que cada vez piso más fuerte en este sendero de construir un entorno empático acorde a mi empoderamiento.

Ojo, por aquí no todo es rosa porque es verde: hay períodos de soledad, aislamiento, introspección. De perdemos hasta volver a encontrarnos. Y ni qué hablar de la deconstrucción del amor en tiempos feministas:  te replanteás TODO. Las normas, los ideales, los mandatos, las preguntas, las respuestas, los roles. En mi caso, cómo mantener una relación monógama heterosexual, basada en un aprendizaje continuo, basado en el amor, el deseo, el disfrute y el respeto mutuo.

Tu tu tun.

Los tambores ya van quedando atrás. Pero seguimos en este camino de goce, de sororidad, de amor no romántico. Hace frío. Nos cuesta sentir las manos y los pies. Asi que decidimos volver a casa. Muches se quedan a pasar la noche.

Esa madrugada, el Senado votará en contra de la legalización y el aborto seguirá siendo penado en Argentina. Estamos tristes, pero el sonido del tambor ya quedó resonando dentro nuestro: cada vez somos más.

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