¿A quién le rezamos en esta pandemia?

¿En qué creemos en tiempos de coronavirus? Cada vez más personas se acercan al Yoga, Reiki, Astrología, Meditación, Tarot, Chamanismo. Muchas disciplinas advierten un cambio en las creencias en Occidente, a raíz de la decadencia de las tradicionales.  Especialistas hablan de Religión a la carta.


Cierro los ojos. Llevo mis manos unidas, en forma de plegaria, al pecho. Presiono palma con palma, como símbolo de unión de mi lado derecho con el izquierdo. Mis piernas están en flor de loto. Trato de apagar mi mente, aunque sea por un rato, y conectar con algo más allá: más allá de mi cuerpo, de mi casa, de mi barrio, de mi mente.

Mientras tengo mis ojos cerrados, me imagino saliendo de casa, sobrevolando por la ciudad, conectando con una sabiduría interna, que hasta hace poco no sabía ni que tenía. Meditar te permite salir de casa, pero sin incumplir el aislamiento obligatorio y preventivo por el COVID 19.

Intento, mientras tanto, soltar mi cuerpo, dejarlo blandito. Entregarme a la situación y rezar, rezar por las personas que hoy nos sostienen y hacen hasta lo imposible dentro del sistema de salud, educativo, como médicos, médicas, enfermeras, enfermeros, docentes, policías pero del bien, al igual funcionarios, funcionarias, que hacen uso responsable y no abuso de poder.

Y… ¿a quién le rezamos para que esto sea dentro de todo lo más leve posible? ¿Para que pase rápido? ¿A quién se le reza en las Guerras?

Hace poco fue Domingo de Pascua. Celebración, casi internacional, de la resurrección de Jesús. Momento fundamental para el cristianismo, la religión más extensa del mundo. Se calcula que una de cada tres personas, en el planeta, es cristiana. Sin embargo, su decadencia, sobre todo en Occidente, es evidente. Cada vez menso gente cree en una Iglesia que sostiene curas pedófilos y se posiciona contra el aborto. Entonces, ¿a quién se le reza?

Religión a la carta

El otro día en una charla virtual entre periodistas de distintas partes del mundo, un periodista uruguayo especializado en el tema, Nicolás Iglesias, le puso un nombre a esto que estamos viviendo:

Hoy estamos en un momento de religión a la carta. Hoy tenemos todo al alcance de un click: astrología, tarot, registros akashicos. Lo que sea. Y las personas toman un poco de acá, un poco de allá y se hacen su propio Avatar espiritual.

Estos momentos oscuros, nos hacen conectarnos más de cerca con la muerte, la enfermedad y nos viene nuevamente este concepto que nos salpica la cara y nos hace volver a tomar consciencia de lo finito que somos. Nicolás Iglesias, director del portal Dioses Locos, explica que esta pandemia también muestra el oportunismo y manipulación de grupos religiosos y gobiernos que juegan con la fe genuina de las personas, sobre todo en los sistemas desiguales, donde la desesperación carcome a los sectores más expuestos a las falencias del Estado.

Las personas en estos tiempos de cambios e incertidumbres, buscamos en general respuestas simples a los miedos básicos, como la muerte o el futuro. En el ayuno de Bolsonaro y sus religiosos para decretar el fin del #coronavirus dijeron peligrosas afirmaciones nacionalistas y autoritarias.

Que las personas busquemos explicaciones más allá, es inherente al ser humano. ¿Pero cómo se evidencia esto que nos sucede en 2020? El aumento de cuentas en Instagram, de terapias y estudios de Yoga, Reiki, Astrología, Meditación, Tarot, Biodecodificación, Chamanismo, por nombrar algunas prácticas, algo viene a demostrarnos. Claramente, estamos viviendo un momento de cambio en las creencias.

Hay movimientos que cada vez toman más fuerza: prácticas como el yoga y la meditación para paliar el ritmo de vida que teníamos, desde antes del encierro. Ya lo advertía el diario El País en una nota de 2015: Esta versión del yoga moderno simboliza la formidable transformación que ha experimentado una disciplina, surgida en India hace entre 3.000 y 6.000 años, que ha sido adoptada por la sociedad occidental como un bálsamo contra dos de sus grandes males: el estrés y el sedentarismo. Si en los años sesenta y setenta, hacer cada mañana el saludo al sol (una de las secuencias de posturas más conocidas), después de entonar con energía un largo om (uno de los mantras más repetidos del mundo), era una marca de la contracultura, ahora es una disciplina cada vez más popular.

Pero claro, eso sucedía en una rutina tradicional. Pero qué pasa ahora que no podemos salir de casa, que hay caos, que hay crisis y que tenemos varios momentos al día en donde todo se pone gris, gris oscuro, o negro. Son los tiempos donde esas prácticas se vuelven más necesarias y a la vez más difíciles de llevar a cabo.

No sabemos cuándo terminará todo lo que nos está sucediendo. Hay mucha gente enferma que queremos, muchísimos muertos. Funerales. Abstinencia de abrazos. Sufrimiento. Sistemas de salud colapsados. Sistemas educativos colapsados. Muchísima gente haciendo hasta lo imposible para salvar vidas. Otras decidiendo a quién desconectar. Cada persona cumpliendo su rol de servicio, mientras otra mayoría debe quedarse en casa como forma de protección a esta pandemia.

Quizás este sea un tiempo que nos sirva para repensar el vínculo con la muerte y tomarla de manera más natural, no como un fin, sino como un ciclo, tal como lo hacían muchas culturas originarias.

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Intento soltar mi mente, no pensar en qué pasará después, quién se enfermará, que pasará con quien se queda sin trabajo, para aceptar que hoy nos toca vivir esto, y soltar la resistencia para que todo se vuelva más liviano. Pero ¿eso es posible?

Tranquila Agustina, respirá hondo, meditá. Conectá con tus chakras.

Las culturas espirituales orientales, como el budismo, resaltan que las personas tenemos 7 chakras, ruedas de energía, que se distribuyen en distintos puntos del cuerpo. Cada una, tiene su propio color. Lo ideal, como todo en la vida, es el equilibrio, que para quienes saben del tema, sería tener los 7 chakras brillantes. Rojo, naranja, amarillo, verde, azul, violeta, índigo. Raiz, Sacro, Solar, Corazón, Garganta, Tercer Ojo. El último es el Corona, ubicado justamente por encima de nuestra cabeza, y de él sale la conexión al Cosmos.

Su equilibrio logra que conectemos la tierra con el cielo. Pero si la tierra la estamos destruyendo… ¿No nos invita este estar en casa a la reflexión de lo que nos llevó a estar así? ¿Como sistemas alimenticios descontrolados que generan virus mortales, contaminantes? ¿No será que hay que frenar esta rueda de industrialización desmedida que nos lleva a la autodestrucción? ¿No será que la industria farmacéutica debería dejar de pensar cómo ganar más dinero, en vez de cómo salvar más vidas? ¿No deberíamos dejar de darle poder al libre mercado?

Y allá arriba ¿quién hay? ¿Qué superioridad nos rige?

Desde la astrología, ya se venía hablando de la Era de Acuario, del famoso 5D: donde la percepción, lo que no se ve, iba a reinar sobre lo tangible. Desde el chamanismo, se habla de dejar de ser tan mentales para guiarnos más por lo que sentimos en el corazón, por el respeto al Universo, a la Pachamama y sus ciclos. Dejar lo que ya no va para conectarnos con lo que si. Dejarnos llevar más por la intuición, por el tercer ojo. Dejar de ser tan mentales. Entregarnos al Cosmos.

Pero… ¿acá en la tierra es posible que la fe de las personas deje de depender de instituciones históricas y patriarcales… estamos realmente listxs para vivir una Religión a la Carta?

Solo pido que todo esto pase pronto. Que aprendamos a cuidarnos y cuidar la tierra con más respeto.

Abro los ojos, sigo en casa. Pasaron veinte minutos, pero parece mucho más.

Trash es el primer documental interactivo sobre residuos en Argentina, dirigido por Agustina Grasso.

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