¿A quién le rezamos en esta pandemia?

¿En qué creemos en tiempos de coronavirus? Cada vez más personas se acercan al Yoga, Reiki, Astrología, Meditación, Tarot, Chamanismo. Muchas disciplinas advierten un cambio en las creencias en Occidente, a raíz de la decadencia de las tradicionales.  Especialistas hablan de Religión a la carta.


Cierro los ojos. Llevo mis manos unidas, en forma de plegaria, al pecho. Presiono palma con palma, como símbolo de unión de mi lado derecho con el izquierdo. Mis piernas están en flor de loto. Trato de apagar mi mente, aunque sea por un rato, y conectar con algo más allá: más allá de mi cuerpo, de mi casa, de mi barrio, de mi mente.

Mientras tengo mis ojos cerrados, me imagino saliendo de casa, sobrevolando por la ciudad, conectando con una sabiduría interna, que hasta hace poco no sabía ni que tenía. Meditar te permite salir de casa, pero sin incumplir el aislamiento obligatorio y preventivo por el COVID 19, que lleva casi un mes en Argentina.

Intento, mientras tanto, soltar mi cuerpo, dejarlo blandito. Entregarme a la situación y rezar, rezar por las personas que hoy nos sostienen: médicos, médicas, enfermeras, enfermeros, agentes de seguridad, funcionarios, funcionarias, gente del sistema alimenticio.

Pero… ¿a quién le rezo?

Hoy es Domingo de Pascua. Se celebra la resurrección de Jesús. Momento fundamental para el cristianismo, la religión más extensa del mundo. Se calcula que una de cada tres personas es cristiana. Sin embargo, su decadencia, sobre todo en Occidente, es evidente: Iglesias vacías, cada vez más denuncias que salen a la luz de curas pedófilos, la posición de la Iglesia respecto al aborto.

Tengo mi mat de yoga en el pasto. Se dice que las personas tenemos 7 chakras, ruedas de energía, que se distribuyen en distintos puntos del cuerpo. Cada uno, tiene su propio color. Lo ideal, como todo en la vida, es el equilibrio, que para quienes saben del tema, sería tener los 7 chakras brillantes. Rojo, naranja, amarillo, verde, azul, violeta, índigo. El último chakra es el corona, ubicado justamente por encima de nuestra cabeza, y de él sale la conexión al Cosmos.

No sé cuándo terminará todo lo que nos está sucediendo con el Coronavirus. Hay muchas gente enferma que queremos, muchísimos muertos. Funerales. Abstinencia de abrazos. Sufrimiento. Sistemas de salud colapsados. También muchísima gente haciendo hasta lo imposible para salvar vidas. Cada persona cumpliendo con su rol de servicio, mientras la mayoría nos quedamos en casa como forma de protección a esta pandemia. Intento soltar mi mente, no pensar en qué pasará después, si se enfermará alguien conocido, si mucha gente quedará sin trabajo, para aceptar que hoy nos toca vivir esto, y soltar la resistencia hace que todo se vuelva más liviano.

El boom del Yoga

Cada vez más personas llevan adelante prácticas como el yoga y la meditación para paliar el ritmo de vida que teníamos antes de estar en este encierro. A veces me pregunto cuán libres éramos fuera. Ya lo advertía el diario El País en una nota de 2015: Esta versión del yoga moderno simboliza la formidable transformación que ha experimentado una disciplina, surgida en India hace entre 3.000 y 6.000 años, que ha sido adoptada por la sociedad occidental como un bálsamo contra dos de sus grandes males: el estrés y el sedentarismo. Si en los años sesenta y setenta, hacer cada mañana el saludo al sol (una de las secuencias de posturas más conocidas), después de entonar con energía un largo om (uno de los mantras más repetidos del mundo), era una marca de la contracultura, ahora es una disciplina cada vez más popular.

Pero claro, eso sucedía en una rutina tradicional. Pero qué pasa ahora que no podemos salir de casa, que hay caos, que hay crisis y que tenemos varios momentos al día en donde todo se pone gris, gris oscuro, o negro. Son los tiempos donde esas prácticas se vuelven más necesarias y a la vez más difíciles de llevar a cabo.

La tecnología nos facilitó algo que no sabía bien como llamar, pero que el otro día en una charla virtual entre periodistas de distintas partes del mundo, un periodista uruguayo especializado en el tema, Nicolás Iglesias, le puso un nombre:

Hoy estamos viviendo un momento de religión a la carta. Hoy tenemos todo al alcance de un click: astrología, tarot, registros akashicos. Lo que sea. Y las personas toman un poco de acá, un poco de allá y se hacen su propio Avatar espiritual.

Vinculo con la muerte

Estos momentos oscuros, nos hacen conectarnos más de cerca con la muerte, la enfermedad y nos viene nuevamente este concepto que nos salpica la cara y nos hace volver a tomar consciencia de lo finito que somos. Nicolás Iglesias es director del portal Dioses Locos y explica que esta pandemia también muestra el oportunismo y manipulación de grupos religiosos y gobiernos que juegan con la fe genuina de las personas, sobre todo en los sistemas desiguales, donde la desesperación carcome a los sectores más expuestos a las falencias del Estado.

Las personas en estos tiempos de cambios e incertidumbres, buscamos en general respuestas simples a los miedos básicos, como la muerte o el futuro. En el ayuno de Bolsonaro y sus religiosos para decretar el fin del #coronavirus dijeron «Salve Deus a minha Pátria, Minha Pátria varonil!.» «Brasil acima de tudo, Deus acima de todos» peligrosas afirmaciones nacionalistas y autoritarias.

Pienso que quizás este sea un tiempo que nos sirva para repensar el vínculo con la muerte y tomarla de manera más natural, no como un fin, sino como un ciclo, tal como lo hacían muchas culturas originarias.

Cambian las preguntas, cambian las respuestas

Que las personas busquemos explicaciones más allá, es inherente al ser humano. ¿Pero cómo se evidencia esto que nos sucede en 2020? El aumento de cuentas en Instagram, de terapias y estudios de Yoga, Reiki, Astrología, Meditación, Tarot, Biodecodificación, Chamanismo, por nombrar algunas prácticas, algo viene a demostrarnos. Claramente, estamos viviendo un momento de cambio en las creencias.

Respecto al 2020, desde la astrología, ya se venía hablando de la Era de Acuario, del famoso 5D: donde la percepción, lo que no se ve, reina sobre lo tangible. Desde el chamanismo, se habla de dejar de ser tan mentales para guiarnos más por lo que sentimos en el corazón, por el respeto al Universo, a la Pachamama y sus ciclos. Desde el Tarot, dejarnos llevar más por la intuición, por el tercer ojo. Todas estas prácticas hablan de un cambio de paradigma en diversos ámbitos, que ya venimos viviendo, por ejemplo, con el avance del feminismo.

La pregunta ahora es si es posible que la fe de las personas deje de depender de instituciones históricas y patriarcales… ¿Estamos realmente listxs para ese momento?

Abro los ojos, sigo en casa. Pasaron veinte minutos, pero parece mucho más.

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