Las mujeres en el buceo luchan por la equidad de género

Tradicionalmente, la profesión de buzo fue masculinizada. A lo largo de su historia, las mujeres tuvieron que padecer la falta de inclusión en ese ámbito. Aunque en la actualidad se están produciendo cambios, aun queda mucho por hacer. Siete buzas profesionales cuentan sus experiencias en el oficio y la lucha por sus derechos.


 “¡Para hacer esto hay que tener fuerza!”, “¿Crees que vas a poder?”, “Dejá, lo hago yo”.  Los prejuicios, la falta de confianza y el ambiente machista en una empresa son algunas de las situaciones que les toca vivir a las mujeres en el mundo del buceo profesional. Es que, al tratarse de un trabajo masculinizado, deben lidiar con ambientes hostiles e intimidatorios. 

Históricamente, el buceo comercial en Argentina fue predominantemente compuesto por hombres. Y, aun hoy, en la actualidad, si bien los números fueron variando y las conquistas feministas ganaron territorio poco a poco, logrando mayor visibilidad de las situaciones, no se logró que las empresas habilitadas en prestar el servicio brinden igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.

Según datos de la Asociación de Buzos Profesionales (ABP), al momento, hay 250 afiliadxs al sector. De ese número, solo ocho son mujeres. Y de todas las que se agrupan en la entidad solo dos tienen estabilidad laboral: una porque es dueña de una empresa. El resto, solo suelen ser contratadas de manera temporal para realizar una actividad específica de buceo.

Desde hace un tiempo, las buzas profesionales dijeron “Basta” y decidieron agruparse para luchar por una inclusión laboral en el ambiente. Aunque les queda mucho camino por recorrer, se aferran a la esperanza de que la situación mejorará y que podrán dedicarse al “trabajo de sus sueños”. Así como también, que las firmas tradicionalmente masculinizadas introduzcan cambios organizacionales que, de alguna manera, permitan mayores posibilidades de inserción y desarrollo de sus carreras.  Aquí, la historia de siete buzas profesionales.

Mujeres de agua

Inspirada en el señor del mar

A los seis años, Luján Pagnossin hojeaba los libros del padre de la exploración marina, Jacques Cousteau. Durante su infancia en la ciudad de La Plata, en tiempos de verano, sol y pileta solía pasar sus días imaginando recorrer abismos submarinos, jugando a recrear diálogos del famoso explorador francés o simulando vivir aventuras con Aquaman. En todos sus entretenimientos había un denominador común: el agua. Fue así, que su amor por ella la llevó a tener en claro lo que quería realizar en un futuro. El buceo sería parte de su vida. O, al menos, eso era lo que deseaba.

“Al terminar la secundaria hice un curso de buceo deportivo. En 2002, me fui a Ushuaia, provincia de Tierra del Fuego, e hice una pasantía con mamíferos marinos. A finales de 2007, me instalé en el sur a vivir y, en 2008, comencé la escuela de marina mercante en Prefectura Ushuaia. Estando allí y hablando con un profesor buzo de Ushuaia, me explicó cómo podía hacer para rendir la habilitación para buzo profesional de forma libre y lo hice”, detalló Luján.

Lo que seguiría después, serían entre experiencias increíbles por su amor a la profesión y momentos de lidiar con ambientes machistas. “Siempre que, siendo mujer haces un trabajo que es tradicionalmente hecho por hombres recibís comentarios sexistas y descalificativos. Es difícil, complicado y hasta agotador las frases descalificadoras y las miradas prejuiciosas. Siempre recuerdo el primer día que trabajé como buzo, el que me recibió en el lugar me recomendó que replanteara mi continuidad en la empresa mirá que acá no queremos nenitas caprichosas, me dijo”, recordó la buza. 

Sin embargo, no todos en ese espacio actúan de la misma manera. “Hay otros casos en que los compañeros te dan lugar, te explican, te enseñan y te tratan como un par. Con el tiempo, quien sabe hacer su trabajo y tiene en claro su capacidad no te descalifica, te acepta y te reconoce. Pero el ambiente, mayoritariamente, es difícil, áspero y hostil”, lamentó.

“En la actualidad me desempeño como timonel en el área de náutica de CADIC, un instituto de investigación dependiente de CONICET. No he realizado aún buceo científico allí, por falta de dotación de buzos científicos, pero he confeccionado recomendaciones y un protocolo para tareas de buceo, equipos, comunicación de buceo y manejo de trámites administrativos sobre lo relacionado con el trabajo. Mi actual empleo me permite la posibilidad de realizar trabajos como buzo profesional cuando tengo la posibilidad”, detalló.

Contra viento y marea

A sus seis años, Rocío Lencina solía jugar en la pileta de su casa con piezas plásticas de Lego y Rasti. En el afán por buscarlas, media su capacidad de estar bajo el agua. De aguantar la respiración. Lo que se conoce como apnea. La secuencia se repetía una y otra vez. Ese juego, la llevó a idear alguna estrategia para perdurar más tiempo bajo el agua. Probó con mangueras, botellas cortadas, pero nada funcionaba para poder respirar. Hasta que un día, le preguntó a una de las personas más importantes de su vida, su abuelo, que podía hacer. Él, la puso al tanto del maravilloso mundo que se encuentra bajo el agua y le explicó cómo funcionaba.

Rocío nació en Campana, Buenos Aires. Durante muchos años, realizó actividades que no la apasionaban. Profesora de educación física y croupier -repartidora en un casino-, entre ellas. Así fue como, alrededor de sus 26 años tomó una determinación: “Dije, quiero hacer cosas debajo del agua y así fue como me fui a la rama del buceo deportivo, porque aun desconocía el buceo profesional. Cuando empecé, estaba en la rama deportiva, viví en Panamá y México, dos países donde el agua era soñada. Al tiempo, descubrí que podía hacer dos cosas que amaba: oficio y agua. Cuando comencé en el buceo profesional, me encontré con muchas trabas, poca información, y muchas cosas negativas, pero mi personalidad no me permitió bajar los brazos”.

Así fue que Rocío decidió presentarse a rendir libre el habilitante para buzo profesional y también desde el estudio ya empezó a convivir con actitudes machistas. “Tuve que soportar comentarios negativos, momentos feos al rendir. Llegué a pensar que estaba totalmente sola en ese mundo. Sin embargo, en el camino encontré a mucha gente increíble y súper positiva que me ayudó a no bajar los brazos y me alentó siempre. En ese momento, eran pocas personas y, dentro de todas ellas, empecé a encontrar las mejores figuras femeninas que estaban casi en la misma situación que yo”.

En la actualidad, Lencina es la única buza profesional que cuenta con un trabajo estable. “Increíblemente, en el buceo profesional comencé en el 2018. Tuve la gran suerte de que me abrieron las puertas y entré a trabajar en Raúl A. Negro -una empresa de salvamento y buceo del Mercosur- tres días antes de recibirme y, en un lapso de 72 horas, pasé de ser administrativa a ser buzo profesional”, recordó.

“Al principio era un poco raro, ya que el machismo estaba muy presente e inclusive la competencia está entre ellos mismos. Tengo la suerte de trabajar con algunas personas que emanan mucho respecto y dan consejos, te ayudan a aprender y te aconsejan desde sus experiencias. aunque no todos los buzos son así, sé que muchas de mis compañeras sufren abusos, discriminación, falta de oportunidades, subestimación, no le otorgan los mismos derechos y, a veces, hasta no las llaman para trabajar por el simple hecho de ser mujeres, siendo muchas de ellas mejores trabajadoras, y por el simple hecho de ser mujer, quedas afuera”, denunció.

«Me han discriminado por ser mujer»

Carolina Cracco es oriunda de Zárate, provincia de Buenos Aires, y empezó a bucear a los 17 años, pero fue a los 21 cuando comenzó a dedicarse profesionalmente al oficio. “Disfruto de cada trabajo, estar en contacto con el medio acuático y la naturaleza. Además, me gusta tener que resolver cosas abajo del agua y el trabajo en equipo. Igualmente, esto no quiere decir que el trabajo sea todo color de rosa, en ocasiones se pasa mucho frío, existen trabajos riesgosos y las cosas no salen como uno espera. Sin embargo, otros son muy gratificantes”, contó.

Una de ellas, fue trabajar en la colocación de geotubos, en la zona de Puerto Madero. “Además de buza, soy profesora de gimnasia y trabajar en la preparación de los Juegos Olímpicos de la Juventud fue muy lindo y significativo, pero además trabajé en refinerías, en la Central Nuclear Atucha, puertos, astilleros, areneras y reflotamientos de embarcaciones”, enumeró.

Pese a la infinidad de experiencia adquirida, no cuenta con un trabajo permanente de buza debido a la falta de inclusión laboral en la profesión. “Trabajo freelance, las empresas nos contratan para cosas específicas. Además del problema de la falta de lugar para desarrollar la actividad, tenes a algunos compañeros que les molesta nuestra presencia. En lo personal, me tuve que bancar situaciones discriminatorias por ser mujer, pero con el tiempo me gané el lugar y respeto. Aunque tuve muy buenos compañeros que supieron darme mi lugar, otros no aceptan que una, a veces, realice un trabajo que él no pudo, es tocarles un poco el ego”, lamentó.

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“Trabajo a la par de un varón”

Verónica Da Silva estaba en la escuela de suboficial de Prefectura cuando le dieron a elegir un curso para cuando se recibiera. Ella eligió buceo y explosivos. “Era lo más extraño y un mundo nuevo por conocer, pero la carrera de buceo es pasión, desafíos constantes. Pero, muchas veces, incertidumbre».

Durante su estadía en la fuerza, Verónica vivió experiencia que le harían sembrar temor por su vida personal y carrera profesional. “Veía que mis compañeras buzos quedaban embarazabas y le sacaban el plus que cobrábamos por ser buzos y eso me quedó grabado. Al salir de la fuerza conseguí trabajar en una empresa privada de buceo, y a su vez, comencé a estudiar. En mi mente no dejaba de tener la idea de que si quedaba embarazada tenía que dejar de trabajar”, recordó. Sin embargo, en su caso, las cosas fueron diferentes.

“Cuando quedé embarazada, mí empleador me enseñó que no podía reducir mí sueldo. Me explicó que yo no dejaba de ser buzo. Yo sabía que bucear no iba a poder, pero si podía supervisar los buceos. Mi mundo se volvió a la luz porque mi miedo por tener la idea de no poder seguir trabajando se esfumó. Tan el así que hasta un mes antes de que naciera mí primer hijo yo salí de comisión al interior navegando con mis compañeros”, recordó.

Tener dos profesiones, le permite a la buza profesional tener una estabilidad laboral. “Mis días son todos diferentes., algunos trabajando como docente otros de buzo”. “Fui subiendo de categoría y sé que puedo llegar a más por mis propios medios porque nadie me regaló lo que tengo. Si estoy al lado de un varón en un trabajo es porque estoy a la par, aunque les guste o no”, advirtió.

“Mi objetivo es vivir de lo que me gusta”

Carolina Falieres descubrió que le gustaba el agua a los 12 años. “Fui a natación por unos meses, pero como no tenía plata para seguir pagando tuve que dejar”, recordó. Sin embargo, cuando terminó el colegio regresó a su gran amor: “primero como guardavidas, después en el ámbito de la navegación y finalmente llegué al buceo, que me apasionó. Sigo pensando que mi objetivo es vivir de lo que me gusta”.

Ella, el machismo lo vivió de cerca durante su etapa de estudiante de buceo. “Cursar para buzo profesional en Prefectura es de corta duración, pero exigente e intenso, te ponen a prueba constantemente. Hay que hacer inmersiones, búsqueda y rescate de objetos, simulacros de accidentes, entre otras tantas cosas, y llegado cierto punto del curso en el que ya se tienen los conocimientos básicos se practica estar a cargo de una operación de buceo. Allí se designa cada día a un supervisor de operaciones diferente y fue ahí que me llevé una gran sorpresa: cuando cualquiera de mis compañeros era el que dirigía, todos acataban sus órdenes, pero cuando era yo la situación cambiaba ya que cada uno hacía lo que le parecía” recordó.

Ante esta situación y la información que le compartieron sus compañeras, Carolina supo la importancia de visibilizar las desigualdades y lo que atraviesan. “Si nosotras no visibilizamos nuestras problemáticas ¿Quién lo va a hacer? Cada una de las buzas que conozco está aportando su granito de arena”.

«No he sido convocada por ser mujer»

Lucia De Pascuale nació en la provincia de Jujuy y cuando terminó la escuela secundaria se fue a vivir a Buenos Aires. “Realicé mi primer curso de buceo deportivo y trabajé unos meses en esa rama, luego fui conociendo el buceo profesional o comercial y me volqué hacia estos tipos de actividades”, recordó.

Al poco tiempo, partió rumbo al sur donde le esperarían diez años de ensueño. “Buceaba en aguas cristalinas y se extraía mariscos y algas que luego se entregaban a una fábrica y obtenía un porcentaje de mi pesca de paga diaria. Durante una década estuve trabajando en el maravilloso mundo de la pesca artesanal. Mientras tanto fui rindiendo libre las materias para obtener las habilitaciones de buzo profesional que otorga Prefectura Naval Argentina”, precisó.

Lo que siguió en su vida después fueron infinidades de trabajos y experiencias. Desde servicios a los barcos, siguiendo por trabajos en las boyas de amarre de una terminal de descarga de combustible hasta salvamentos de restos náufragos, barcazas, barcos, lanchas y yates. Sin embargo, en ninguno de sus trabajos fue contrataba en planta permanente. Esta cuestión, no solo les trae problemas a nivel laboral sino también a nivel profesional a las buzas.

“De la escuela de buceo de la Prefectura Naval Argentina (PNA) salís con la categoría más básica de buzo profesional, para seguir adquiriendo categorías es necesario rendir más exámenes y sumar horas de buceo en las empresas habilitadas del país”, detalló al tiempo que agregó: “Las diversas categorías te van permitiendo trabajar a mayores profundidades: tercera categoría te habilita a bucear hasta 12 metros, segunda hasta 30, primera hasta 50 y la especialidad de Gran Profundidad hasta 300 metros en nuestro país, pero es muy difícil acceder a los trabajos que luego te sumarán horas de buceo para ir pasando de categoría. Yo después de 17 años de trabajar en buceo profesional he podido rendir la habilitación de Buzo Especialista en Gran Profundidad. Pero no he sido convocada para este tipo de trabajo nunca, por ser mujer”, contó.

Pese a las trabas por desempeñar su actividad, Lucia sigue apasionada por su actividad como desde el primer día. “Si llegas a ser convocada, es uno de esos trabajos que se disfrutan”, afirmó. Sin embargo, la realidad es otra. “Ahora, esta profesión está dominada por hombres y es muy difícil para una buza ser convocada o mantenida en un empleo, por causa de los estereotipos de género las empresas del país prefieren tener hombres buzos trabajando, todas tenemos que dedicarnos también a otras cosas para poder subsistir”, lamentó.

“Tal es la persistencia del modelo patriarcal invisibilizador de la mujer en el buceo Profesional Argentino que solo una empresa de buceo profesional en Argentina tiene una empleada como buzo. El sexismo en nuestra profesión está presente siempre: desde el empresario que no te considera para el puesto, los supervisores que no creen en la igualdad de género o algunos compañeros que te consideran inferior y quieren realizar el trabajo por vos. Las excusas son innumerables desde falta de infraestructura para mujeres hasta la inferioridad física de la mujer”, manifestó.

“Los hombres lideran las listas”

Desde pequeña, Nancy Aguiar tuvo conocimiento sobre el trabajo de los buzos. Específicamente, de aquellos que se desempeñaban en la represa Yacyretá porque sus padres trabajaban en el lugar. Pero fue durante unas vacaciones en la provincia de Tierra del Fuego donde descubrió la profesión de buza sería parte de su vida. Allí, la tía de su amiga era buza y se embarcaba en buques científicos para tomar muestras del lecho marino y, posteriormente, hacer análisis, y quedó deslumbrada por la profesión. “Ahí fui a conocer los muelles, la Prefectura y al ver tanta agua cristalina y supe que ese era el camino”.

Luego de haber regresado a su provincia natal Corrientes, Nancy emprendió una búsqueda para saber cómo empezar a estudiar buceo e hizo deportivo. Cuando finalizó sus estudios tenían en claro que era lo que quería hacer con sus conocimientos. Sin embargo, no esperó encontrarse con tantas trabas. “No ha sido un camino fácil el recorrido, me he encontrado con muchas dificultades, muchos prejuicios, muchas burlas por ser mujer. Infinidades de inconvenientes a la hora de querer ser profesional en un ámbito en donde los hombres lideran las listas”.

Sin embargo, nada la detuvo y siguió por sus sueños. “El camino ha sido largo, difícil, solitario, en algunos momentos, pero puso a prueba mi actitud. Salir del agua después de haber trabajado en alguna inspección a ciegas, me generaba el equivalente a lo que siente una estrella de rock sale al salir al escenario, esa adrenalina mezclada con felicidad de poder hacer lo que te gusta y lo que tanto te esforzaste por alcanzar es indescriptible”, rememoró.

Muchas veces, esa felicidad se ve opacada por la falta de oportunidades. “Nos encontramos con muchos prejuicios y, en algunos momentos, nos hemos inclusive topado con violencia hacia nosotras. Así como hay compañeros que nos han discriminado, hay otros que nos motivan a mejorar, nos acompañan en nuestra lucha de búsqueda de igualdad y reclaman a nuestro lado las injusticias en el ámbito empresarial, por lo general, contratan buzos varones y se niegan a tener mujeres en el plantel porque nos consideran débiles o problemáticas. A mi parecer las mujeres tenemos muchísimo por demostrar, solo que no se nos da la oportunidad. Somos un bloque muy pequeño de mujeres buzas, somos mujeres fuertes, tenaces, valientes y cada una brilla con luz propia e incentiva a las demás a seguir eligiendo el buceo como profesión”, cerró.

Buzas representadas

Desde el 2019, la Asociación de Buzos Profesionales ha cambiado de comitiva y ese cambio trajo modificaciones en el entorno del buceo argentino. Las siete buzas coinciden en que, si bien hay mucho trabajo por realizar, sienten un acompañamiento por parte de la institución. “Ellos están al tanto de todos los trabajos de buceo de la Argentina, se encargan de las tareas sindicales, nos asesoran legalmente y trabajan para que las empresas cumplan con los requisitos de seguridad dentro de las tareas, así como también gestionar la rotación laboral de los buzos”, contó Luján.

En este sentido, Cracco agregó: “Es un gremio muy presente, se preocupa por llamarnos, saber si estamos trabajando, hablar con las empresas para que nos tengan en cuenta y asistir a reuniones sindicalistas sobre igualdad de género, entre otras cosas.

Por su parte, Néstor Andersen, el secretario general de la ABP, sumó que, además del pedido de inclusión laboral y temas de género, se está trabajando por convenios colectivos de trabajo y una ley de jubilatoria para lxs buzos ya que al día de hoy no pueden hacerlo. Además, que aquellos buzos que trabajan de manera freelance cuenten con una prepaga. “No es fácil todo, pero nos estamos ocupando. Tenemos una asociación con todas sus complicaciones, pero se están haciendo diferentes cosas. Las chicas tienen que tener la misma oportunidad de contrato”, remarcó.

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